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República Dominicana y los terremotos: el verdadero peligro no es temblar, sino no estar preparados

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SANTO DOMINGO.– Cada vez que la tierra se mueve en República Dominicana, aunque sea durante unos segundos, reaparece una preocupación que muchas veces permanece olvidada hasta que ocurre el próximo temblor: ¿estamos realmente preparados para enfrentar un terremoto de gran magnitud?

La pregunta no debe formularse solamente después de un sismo. Debería formar parte permanente de la conversación nacional.

República Dominicana se encuentra en una región con actividad sísmica y, por su ubicación en el Caribe, está expuesta a movimientos telúricos de diferentes magnitudes. Los sismos pequeños y moderados forman parte de esa realidad geológica, pero también constituyen un recordatorio de que la prevención no puede depender del momento en que la tierra vuelva a estremecerse.

El problema no es que ocurran sismos. Los terremotos son fenómenos naturales que no podemos impedir. El verdadero desafío está en reducir los daños que podrían provocar.

Una amenaza que no debe convertirse en pánico

Cada temblor genera inquietud. Las redes sociales se llenan rápidamente de mensajes, videos y versiones que muchas veces mezclan información verdadera con rumores.

Ante esta realidad, la población necesita información confiable y educación sísmica permanente.

No se trata de vivir con miedo ni de anunciar una tragedia cada vez que ocurre un movimiento telúrico. Se trata de comprender que prepararse no significa esperar lo peor; significa estar en mejores condiciones para responder si ocurre.

Una sociedad preparada sabe qué hacer durante un terremoto, conoce las zonas seguras de su vivienda, identifica las salidas de emergencia y mantiene disponibles elementos básicos para enfrentar las primeras horas después de una eventual emergencia.

La construcción debe estar en el centro del debate

Uno de los mayores desafíos frente a un terremoto no está únicamente en la intensidad del movimiento, sino en la capacidad de las edificaciones para resistirlo.

Por eso, la discusión nacional debe prestar especial atención al cumplimiento de las normas de construcción, la supervisión de las obras, la calidad de los materiales y las condiciones estructurales de viviendas, escuelas, hospitales, edificios públicos y establecimientos comerciales.

Una ciudad puede soportar un movimiento telúrico sin convertirse en escenario de una tragedia si sus edificaciones han sido diseñadas y construidas tomando en cuenta los riesgos existentes.

La prevención comienza mucho antes de que suene una alarma.

Escuelas y familias deben prepararse

La educación sísmica tampoco debería limitarse a campañas ocasionales.

En las escuelas, los estudiantes pueden aprender desde temprana edad cómo protegerse durante un terremoto, cómo actuar después de un movimiento y cómo colaborar con sus familias sin exponerse innecesariamente.

En los hogares también debe existir un pequeño plan familiar: establecer puntos de encuentro, conocer las salidas, identificar lugares seguros y tener a mano documentos importantes, medicamentos necesarios, linternas, agua y otros artículos básicos.

Son acciones sencillas que pueden marcar diferencias importantes durante una emergencia.

El papel de las autoridades

La preparación ante terremotos no puede descansar exclusivamente sobre los ciudadanos.

Las instituciones responsables de la gestión de riesgos tienen la tarea de fortalecer los sistemas de monitoreo, mejorar los protocolos de respuesta, realizar simulacros y mantener informada a la población.

También corresponde a las autoridades evaluar periódicamente infraestructuras esenciales y garantizar que las nuevas construcciones cumplan las normas correspondientes.

Pero existe otra responsabilidad igualmente importante: comunicar con claridad.

En momentos de emergencia, la población necesita saber qué ocurrió, dónde ocurrió, cuál fue su magnitud, qué recomendaciones existen y cuáles informaciones todavía no han sido confirmadas.

La información oficial y oportuna puede evitar tanto el pánico como la desinformación.

No esperar al próximo gran terremoto

República Dominicana tiene una memoria histórica marcada por terremotos importantes. Esa historia debería servir como fuente de aprendizaje y no solamente como recuerdo.

El próximo gran movimiento telúrico no puede predecirse con exactitud en fecha y hora. Precisamente por eso, la preparación debe ser permanente.

Cada pequeño temblor puede convertirse en una oportunidad para revisar nuestros protocolos, comprobar las condiciones de nuestras viviendas y recordar a la familia qué hacer ante una emergencia.

No podemos impedir que la tierra tiemble, pero sí podemos trabajar para que un terremoto no encuentre a una sociedad desprevenida.

La prevención no genera titulares espectaculares ni produce resultados visibles de inmediato. Sin embargo, cuando llega una emergencia, puede representar la diferencia entre una comunidad vulnerable y una comunidad capaz de responder.

República Dominicana necesita hablar de terremotos antes de que ocurra el próximo gran sismo, no después.

Porque la pregunta fundamental no es cuándo volverá a temblar la tierra.

La pregunta que debemos hacernos desde ahora es mucho más importante:

¿Qué estamos haciendo para estar preparados cuando vuelva a temblar?

Jose Luis Molina
Jose Luis Molinahttps://siempreporlaverdad.com
José Luis Molina es un comunicador y empresario de medios dominicano, presidente Ejecutivo de Medios SPV S.R.L., grupo de comunicación que impulsa proyectos informativos digitales como siempreporlaverdad.com y mediosspv.com.do.
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